El recorrido de la significación: la semiótica en el siglo XXI


Discusión 1: Semiótica 2011B, Departamento de Letras, Universidad de Guadalajara

La semiótica es el proyecto científico que se ocupa de los estudios de la significación. Es necesario indicar que esta definición es de uso reciente, pues a la semiótica se le conocía como la ciencia que se ocupa del estudio de los signos. Por lo general, el signo estaba vinculado a la palabra, pero sabemos que no sólo las palabras generan significados. El silencio, por ejemplo, implica la ausencia de palabras, pero no por ello deja de comunicar. En consecuencia, se dirá, que la unidad de base no es el signo sino el discurso. ¿Pero que existe detrás de un discurso? Muchas son las respuestas a la pregunta, pues el término recibe un gran número de acepciones. La primera evoca a un conjunto de frases con las cuales se organiza el significar; la segunda está vinculada al proceso de la enunciación, de tal manera que al discurso se como define el producto de dicho proceso. Existen muchas otras evidencias teoréticas de lo que es el discurso, por el momento se indicará que es una unidad de análisis donde la generación de significados está íntimamente relacionada con la enunciación y con la delimitación de figuras, vía el proceso figuración discursiva, pues crea, inventa e instaura -sin cesar- nuevas maneras de representar el mundo. No obstante, como ciencia que estudia los signos, su origen viene desde las antiguas civilizaciones, desde donde brota la raíz etimológica, pues semiótica viene del griego semîon, signo. (JR)
Pensar en semiótica remite a la imagen de un umbral, después de todo el mundo del discurso se presenta como un intermediario entre el pensante y la realidad. Dato que resulta curioso si recordamos que las primeras discusiones, sobre esta materia, sucedieron en un pórtico a espaldas del Ágora ateniense. Discusione influidas por el pensamiento de las escuelas vigentes: La de Platón, que abogaba por la naturaleza inspirada de los signos (en la cual sólo unos cuantos "legisladores" estaban dotados con la facultad de imponerlos); y la de Aristóteles, contraria a la de su maestro, donde el signo nacía del uso y se establecía de manera arbitraria y además negaban las ideas subsistentes en un universo ideal llamado topos hyperuranios. Los estoicos elaboraron una teoría sincrética. En el signo residían tres entidades: Dos de ellas eran físicas, el signo que podía presentarse de manera sonora; el objeto representante, que correspondía a la realidad de la que se hablaba y un tercero no físico sino abstracto, a saber, el lektón. El lektón es un objeto abstracto, no reductible a lo corpóreo ni al pensamiento. El lektón subsiste por sí mismo y además puede someterse a un juicio, mostrando así ser falso o verdadero. (MarioDíazRuelas)
El camino trazado por los griegos fue después recorrido por San Agustín que, además de analizar el signo y el lenguaje, se preocupo por la forma en que estos se utilizaban, es decir, de que forma se aprendían y se transmitían. De Doctrina Christiana (397-428 d.C.) hace una separación de las cosas en signos y significables. Muestra una definición del signo que no sólo es una imagen representada sino que se transmite al pensamiento por medio de otra. San Agustín hace una clasificación de los signos de acuerdo a su función comunicativa y didáctica: naturales y artificiales. Los naturales no son conscientes de su significación, es decir, significan por su esencia; los artificiales, por su parte, por la intención del alma. Además, trata los signos humanos que son captados por los sentidos: audibles, visibles, olfativos. Habla también de un lenguaje, objeto y metalenguaje tratando signos autorreferentes y mutuamente referentes (que pueden designarse el uno al otro). San Agustín, no sólo incluye su definición y clasificación del signo pero también trata con conceptos mentales,orales y escritos. (Sonia Santillán)
Roger Bacon da un énfasis particular a la función que desempeña el intérprete y relega a un segundo término la del mero significado. De esta forma, este filósofo inglés nos presenta al proceso sígnico como un acontecimiento fundamentalmente relacional. En el modo de significar, importa el signo en tanto que representa la realidad, sin embargo, este no se aprehende por sí solo. Dado que el signo se encuentra "en el predicamento de la relación y se dice esencialmente con respecto a aquello para lo cual significa, porque lo pone en acto, y en potencia cuando él mismo está en potencia" (Bacon citado por Beuchot; 2011, p. 24). Es decir, la semiosis requerirá necesariamente un ente para que el signo tenga a quién significar, de otro modo, queda reducido a mero signo en potencia. Asimismo, se establece un fenómeno dual en la significación, el primero, parte del signo al significado, el segundo va del signo al descodificador, y se supone es, la relación más directa, aunque de algún modo queda subordinada, a la del significado. La nomenclatura formulada por Bacon es similar a la de sus antecesores, sin embargo, en su definición del signo, incluye al intelecto como aquel que percibe al signo en su calidad de representación. Aunque sus preocupaciones se inclinaron más por aspectos lingüísticos, sus reflexiones en torno al signo forman parte del perfil actual de la semiótica. (Vanessa Cabuto)
Guillermo de Ockham, por su parte, hace hincapié en el carácter de los signos que poseen los conceptos y también abarca el signo consuetudinario, el natural y el convencional. En Suma de lógica (1324) y en Comentario a las sentencias de Pedro Lombardo -quien fuera un teólogo escolástico del siglo XII- trata de ello. En la primera de las obras dice que signo es aquello que se ha aprehendido y que en consecuencia hace llegar al conocimiento de algo distinto, de otra cosa, aunque esto no significa que este conocimiento sea el primero que se tiene de ella, sino aquel que se ha alcanzado después, el que es el habitual. (Ockham citado por Beuchot, 2011; p. 29). Ockham propone también en la Suma que hay signo natural y signo artificial o convencional. El natural representa a su causa, mientras que el convencional es el que suple a otra cosa o supone por ella. (Ockham citado por Beuchot, 2011; p. 30). En el segundo de los mencionados títulos, hace referencia al vestigio, o sea, un signo que lleva a una noticia recordativa de algo y de igual forma a una noticia compleja de ese algo. En esto se puede ver una referencia a los estoicos -cuyas teorías recuperó el autor-, pues ellos hablaban de esa función rememorativa del signo. Retomando los tipos de signos, habla del artificial que en ocasiones tiene el significado del natural. Ockham conoció las doctrinas semióticas de los que lo antecedieron en el estudio de esa ciencia, las recolectó en su obra y se volvió un crítico de ellas. Entre los escritores que incluyó se encuentran San Agustín, Roger Bacon, Santo Tomás y los ya referidos estoicos. (Beuchot, 201; p. 31). (Iván de Jesús Guzmán Ríos).
Se menciona a Ockam, Bacon y otros grandes pensadores por sus contribuciones semióticas, pero es importante regresar y desarrollar las reflexiones de Tomás de Aquino, quien por su complejidad y bastedad lo merece. Siguiendo por la linea del signo como un acontecimiento racional y acto en potencia. Aquino remite tres cualidades del signo: el signo formal, el significado y la facultad cognoscitiva. La definición que él atribuye al signo muestra estas tres cualidades conjuntas: "el signo es aquello por lo que alguien llega al conocimiento de otra cosa" (Tomás de Aquino citado por Beuchot, 2011). El signo vendrá a ser la imagen mental que, será de caracter natural y/o convencional. Esto ya indica necesariamente el ligamiento a un conocimiento previo es decir, se remitirá a una cosa, después se hará presente otra "cosa" y permitirá que se llegue a otra. Formando como ya se dijo una totalidad de sentido sobre lo que el consideraba que es el signo. También Santo Tomás aclara que los signos no vienen a ser sólo "cosas", y aquí es conveniente diferenciar entre signo natural, aquel que es impuesto por la naturaleza, por causalidades, (humo = fuego) y el convencional, el cual es instituido por el hombre. Entendiendo esto, Tomás dice que los significados remiten inmediatamente al signo naturalmente conocido, cosas y/o representaciones del mundo "real", pero los signos también son conceptos (signos instrumentales), que por su abstracción requieren de un conocimiento previo para llegar a un significado. (Judith Lanuza)
Si bien no se puede continuar sin una revisión al pasado, Raimundo Lulio tampoco puede innovar sus estudios sin préstamos de ideologías antiguas. Este hombre es considerado uno de los ancestros de la lógica simbólica y se debe al ars magna de lógica combinatoria. En su proyecto no sólo se inclina a favor de lo racional, sino que se involucra en el misticismo, al igual que San Agustín en su De Doctrina Christiana, donde se explica que la representación de las cosas llega como ideas divinas enviadas por Dios, por tanto se necesita de una iluminación para que el hombre entienda en su totalidad dichos conceptos. Lulio habla de una iluminación en él mismo, y a base de ella pretende llegar al lenguaje perfecto, y a una mejor concepción con la combinación de todos los elementos principales. Su ideal era un conciliador entre Platón y Aristóteles, debido a su lógica inventiva y demostrativa. Es decir, que el método con el que Lulio participaba en la explicación de un signo y su significado, era combinando todo: elementos, palabras, ciencias, conocimientos, intelecto y a Dios. Este último siendo el sustento epistemológico de la teoría, sin su intervención no sería posible el alcance de las cosas y la conjugación de una lengua universal. Ya que las palabras están en lugar de las "ideas divinas", para representarlas y entenderlas se necesita un análisis y una coordinación, a la que se llegara factiblemente por medio de combinaciones de los conocimientos e ideas de cada hombre. (Talya Robles)
En el siglo de oro español tenemos la tradición de la semiótica tomista, con los escolásticos, que aprovechaban la semiología para explicar en el tratado de la trinidad y el de los sacramentos. En la trinidad aparece el Padre que engendra al hijo que es un signo o verbum,que es el Verbo y que a su vez era acompañado del efecto Amor, que por ser un amor tan especial, tan personal, se convierte en una persona: el Espíritu Santo. Y el sacramento es un signo de la gracia de Dios, lo significa y lo da al mismo tiempo. Autores como Bartolomé de Ledesma, quien fue uno de los primeros catedráticos de la incipiente Universidad de México en el siglo XVI, da una muestra clara de su conocimiento de semiótica en Suma de sacramentos. La semiótica era abordada en los cursos de arte y filosofía, puntualmente en la lógica, por su importancia para la teología. Se trataba en la lógica formal o en la lógica material como lo hacía Juan de Santo Tomás. Se trataba en este último caso de abarcar los temas semióticos, epistemológicos, antológicos de la ciencia, como la teoría del signo, los grados del conocimiento, las condiciones de la ciencia, el problema de los universales, etc. En la lógica formal se hablaba de los instrumentos de la lógica: la definición, la división y la argumentación, que están en el plano de la enunciación y argumentación; por lo que los instrumentos de la lógica son signos. Los signos lingüísticos simples son los términos, los signos compuestos por términos se convierten en las oraciones y de ahí se separan las oraciones aseverativas e indicativas; que son a su vez enunciados y proposiciones, que son susceptibles de valor de verdad, y ellas forman el otro signo complejo que es el argumento, y que se compone de proposiciones y enunciados.(Jesús Silva)
Es común encontrar el tratamiento del signo desde el campo de la lógica por lo autores del siglo de oro español, entre los cuales destacan los jesuitas y dominicos de la península ibérica. Dentro de estos últimos figura Domingo de Soto, uno de los iniciadores en el estudio del signo bajo la perspectiva de la lógica formal. En la segunda edición (1539) de su Summulae (1529) define al signo como aquello que representa algo a la faculta cognoscitiva por tres causas: objetiva, formal e instrumental (Beuchot 2011; p. 81). De esto puede inferirse que el signo es un instrumento para hacer conocer algo que está en la realidad. Para conocerlo completamente es necesario presentarlo a la vista (causa efectiva). Para el sevillano, el signo podía encontrarse no sólo en las palabras sino también en las imágenes; lo que lo caracteriza es que remite a algo, a un objeto. El conocimiento que se hacía de este objeto podía quedar en él (terminativo), representar algo más (motivo), o ser ambas. Las clasificaciones del signo hechas por Soto (natural e instrumental) recuerdan en gran medida las elaboradas por Santo Tomás, quien también ponía como fin del signo la facultad cognoscitiva. Es así como las ideas expuestas por Domingo de Soto, se inclinan hacia la figura del signo, pero atendiendo de igual modo el problema de lo que es el conocimiento y la manera en que éste puede ser comprendido. (Stefanía Flores)
Los novo-hispanos no se quedan atrás en cuanto la semiótica, teniendo un lugar muy digno en esta, gracias a Fray Alonso de la Vera Cruz, que aunque español viene a México; siendo ya un maestro en la universidad de Salamanca, alumno de Soto y Vitoria; aunque su estudio sobre semiótica no es amplio se puede encontrar un estudio al signo en el capitulo séptimo de "Súmulas o compendio de lógica" ( A. De la Vera Cruz, Recognitio Sumuularum, 1554), y aunque su estudio esta muy relacionado con el trabajo de Soto, difiere con el en algunas partes; por ejemplo, él considera importante dividir los términos significativo y no significativo. Toma de Soto la primera definición de significativo, como aquel que representa algo, el termino significativo puede serlo por naturaleza o por convención para ser incluido en los términos mentales, orales o escritos, dependiendo [aquí vuelve a diferir con Soto] de la imposición humana que puede ser autentica, dicha por un catedrático o inautentica, la imposición la divide en 3 tipos, la formal que es directamente, la consecutiva que representa y la consuetudinaria que es por costumbre. El significar lo divide igual que Soto, en formal e instrumental; define el significar por el representar y este por hacer conocer que es cuádruple, efectivo, objetivo, formal e instrumental, el representar es triple objetivo, formal e instrumental y significar sólo es formal e instrumental. Para consolidar su dotrina pone tres objeciones, la primera, es que hay términos que ni son significativos ni no significativos; por ejemplo las preposiciones, que terminan siendo un termino híbrido de significaciones naturales y convencionales, dándole más importancia a estas ultimas, la segunda es la expresión "no significativo", es un termino no significativo, ni significativo; y por ultimo la tercera es que el termino es significativo por convención. Fray Alonso, si bien ya con grandes estudios sobre semiotica en España fue en México donde desarrollo la mayor parte de sus conocimientos sobre esta, aplicando nuevos términos, sin dejar de utilizar lo ya conocido. (Lizette A.León Coronado)
Es importante mencionar que la historia del signo en su mayoría ha sufrifo de un problema de coherencia. Mucho se debe en especial, debido a que muchos ojos y sobre todo a que muchos pensamientos, han abordado la semiótica desde un plano un tanto cuanto superficial (ya sea porque el pensador que se acerca a esta para "complementar" su estudio original o también abordando a la semiótica solo desde o, en base a los conocimientos de una ciencia un cuanto tanto ajena). Esto ha distorcionado su estudio, generando una importante confusión, y es debido a dicha confusión, producto del pobre conocimiento de la ciencia por parte de dichos “estudiosos” que se ha transgredido en cierta manera su seriedad como ciencia y con ella no solo también sus avances, sino que también se ha provocado un "extravío", en especial entre aquellas personas que apenas comienzan adentrarse en la materia, sin mencionar que han "retrasado" más claramente en relación a otras ciencias, el avance y "perfeccionamiento" de la semiótica. Sin embargo no todo a sido debido a esta "falta de compromiso" algunos estudiosos también en su intento por hacer avanzar la semiótica ironícamente se han encargado en cierto caso de complicarla. Un ejemplo de ello fue hecho por el mísmo San Agustín, quién al analizar una frase, sostenía que esta estaba formada por signos a los cuales no diferenciaba entre sí e incluso también consideraba a la frase misma como un signo en su conjunto. (Riccardo Cardenas García).
Otro estudioso proveniente de España pero residido en México para mejorar sus estudios del signo fue Tomás de Mercado, quien entró al convento de Santo Domingo para estudiar y enseñar. A pesar de haber sido enviado de regreso a España publicó varias obras resultadas de su trabajo en México, entre ellas el intitulado Comentarios lucidísimos al texto de Pedro Hispano, donde expone claramente la semiótica escolástica de la época. Al dar su definición de signo -que para él es lo mismo que significación- toma la división que hace Domingo de Soto respecto al significar: formal e instrumental. Ante las objeciones a esta división, Mercado argumenta que el signo es también lo que "puede representar", es decir, la potencia no sólo el acto. Del mismo modo, sostiene la idea de los signos convencionales y naturales, donde los primeros significan por ser causa y efecto, y los últimos, por haber recibido de la naturaleza ese representar. A diferencia de otros, Mercado coloca los signos consuetudinarios en esta última categoría. Sin embargo, el tema que más apasiona a Mercado es el lenguaje y la voz; y ante la pregunta de si la voz significa el concepto o el objeto, él responde que al primero porque los signos no sólo representan cosas sino también afecciones, es decir, conceptos. Sostiene este argumento con la explicación de que un signo remite inmediatamente al concepto que representa, y después, mediatamente, al objeto en sí. Tomás de Mercado se enfrenta también a varias objeciones sobre la división de signo natural y el signo instrumental, y aunque propuso diversas soluciones a los debates este es un tema que se siguió por mucho tiempo más. (Adriana Esparza Núñez)
Una teoría semiótica implícita existe en las ideas formuladas por los autores ya tratados. Pero sólo con John Locke (1632-1704) es donde surgirá el nombre semiotiké. Locke fue quien lanzó la idea de tratar una ciencia independiente de los signos. Propone una partición trimembre de las ciencias: físicas, prácticas y semióticas. Dicha división se hace de acuerdo a lo que el hombre puede conocer a través de los conceptos. Locke dice que las ideas y las palabras son indispensables para pensar, ambas son signos, por lo tanto son indispensables para el pensamiento. Para Locke la comunicación entre los hombres se da por medio de las “ideas” (representación de las cosas en la mente, necesarias para obtener el conocimiento y comunicarlo a otros) y como son signos deben ser estudiados bajo una disciplina. Locke se queda en un plano de acto comunicativo, en el que no mira en el signo toda la cuestión de la presencia ubicua y el comportamiento humano, para él la "idea" está en lo meramente cognoscitivo. Sin embargo, su planteamiento de tratar al signo de manera independiente dejó los cimientos para que pudiera ser desarrollada como una disciplina independiente. Será Peirce quien retomará el nombre que propuso Locke y que con sus formulaciones se dará un giro significativo en el estudio de una Semiótica como tal. (Ithamar Indira Iriarte V.)
Leibniz (1646-1716), quien también considera importante la relación del signo con la idea, discrepa de Locke y ataca su empirismo en sus Nuevos Ensayos,documento en el que también defiende la existencia de ideas innatas, concepto muy extendido entre los racionalistas. El interés de Leibniz en la semiótica y el signo está determinado por su pasión por la lógica, y define al signo como "lo que ahora sentimos y, además, juzgamos que está conectado con algo por la experiencia anterior, propia o ajena" (citado por Beuchot, 2011; p.133); en esta idea de evocación se distinguen funciones especiales, por las diferencias de intérpretes, cosas significadas, temporalidad y vehículos de signo. Esta definición divide las funciones entre informativa y mnemónica: los que tienen función informativa son signos, y los de funcion mnemònica son notas. A veces los signos no nos hacen conocer, pero nos hacen recordar y tener presentes las cosas a las que se refieren, como una señal. Como ejemplo tenemos el álgebra, donde sólo hay sustitución, no información. Todo esto dio a Liebniz soltura para ver los signos como marcas de las cosas, sin exigir completa comprensión, un cálculo lógico que se aplicara a todo. Leibniz con estas ideas abrió camino a otros lógicos, que siguieron buscando la lógica perfecta. (María Eugenia Núñez Gómez)
Uno de los lógicos más importantes dentro de los inicios de la semiótica fue Charles Sanders Peirce (1839-1914), el fundador del pragmatismo junto con W. James y el que constituyó las bases de la semiótica. Peirce se encarga de dilucidar el objeto de la semiótica, así como de definir el signo, el proceso semiótico y se encarga de dividir los signos minuciosamente. Él define a la semiótica como el estudio del signo en general, esto es, de todas las clases de signos (Beuchot, 2011; p.135) y la divide en tres ramas: La gramática, que estudia los signos con sus conexiones mutuas; la lógica, que estudia la relación con los objetos y la dialéctica, que estudia las modificaciones por los usuarios. Para definir al signo crea tres categorías ontológicas: la primeridad, que es lo que se presenta a la conciencia de manera inmediata, la segundidad, que tiene carácter imposición y la terceridad, que tiene carácter de algo que sucede habitualmente. Además, Pierce concibe al signo en una relación tríadica, o sea, que el signo es una cosa que representa otra para alguien (Beuchot, 2011; p. 136): hay un representamen, un objeto y un interpretante. El interpretante es la relación entre el intérprete con lo que interpreta, y este interpretante es a su vez un signo de ese signo que se interpretó, y éste puede formar otro signo; lo cual puede desatar una interpetación sin fin. El objeto tiene varias clases: objeto inmediato y objeto final o ideal, igual que el interpretante: inmediato y final o ideal. Para alcanzar la verdad tendrían que confluir el intérprete final con el objeto final, pero esto es únicamente ideal y para ello sería indispensable el díalogo, que tiene un papel escencial en la significación y la verdad. (Nahelli A. Chavoya Peña)
Desde un punto de vista histórico nos hemos dado cuenta que el estudio de la semiótica ha sido tratado en base a dos posturas ideológicas: La cognitiva y la pragmática. La cognitiva como ya hemos mencionado estudia la semiótica en tanto al signo, es decir, a la palabra. Mientras que la postura pragmática se ocupa de los sistemas y el proceso de significación. Los autores más representativos de la primera y segunda generación (Semiótica cognitiva) son San Agustín y Santo Tomás de Aquino. Mientras que los propulsores de la tercera y cuarta generación, es decir, del estudio pragmático de la semiótica, son Locke, Leibniz, Peirce y Morris. De este último trataremos de exponer su tratamiento semiótico. Pues bien, la gran aportación de Morris al estudio de la semántica fue haber tratado la semiótica como la ciencia de la semiosis, o sea, el proceso del signo. De igual manera se interesó por la sintaxis y la semántica, esta última entendida como el estudio de la relación de correspondencia entre vehículos de signo y significados u objetos. Por otra parte apuntala los distintos usos del signo y los distintos modos de significación. Así es como abre el camino para el nuevo tratamiento de la semiótica. (José de Jesús Rivera Cervantes)
De la misma forma en que Pierce y Morris desarrollaban sus estudios sobre la semiótica a partir ya de una visión pragmática (o retórica, dependiendo de la terminología utilizada por cada autor), pues la sintaxis (o gramática) y la semántica (o dialéctica) habían sido, hasta entonces, las ramas más explotadas con las que se había abordado dicho estudio; pensadores como Gottlob Frege y Bertrand Russell, principalmente, cultivaban la filosofía analítica del lenguaje a través de la reflexión semiolingüística. De Frege se destaca que establece dos aspectos para el signo: el sentido (Sinn), que resulta ser el modo de la presentación; y la referencia o significado (Bedeutung), que es el objeto a que se apunta, sin embargo Russell critica esta distinción e intenta hacer resaltar la denotación, que es referencialista y que le sirve de base para establecer su teoría de las descripciones, en la que analiza los nombres propios como descripciones o frases denotativas; y su teoría de los tipos lógicos. Asimismo, Russell, indaga sobre los elementos fundamentales o átomos del lenguaje, para así tratar de llegar a una forma lógica de las expresiones gramaticales (atomismo lógico), estudio que también interesa a Ludwig Wittgenstein, sin embargo, después Russell se dedicará en sus investigaciones a aplicar la psicología conductista al lenguaje no muy distinto de cómo lo hacía Morris, mientras que Wittgenstein tomará un camino distinto. (Gilberto Lozano Delgado)
Wittgenstein es reconocido por su Tractatus logicophilosophicus, sobre todo por su teoría pictórica del significado, esto es, las expresiones reflejas al objeto, a la realidad (Beuchot, 2011: 146). Wittgenstein reformula su teoría en diversos tratados, pero se ve más claramente en Investigaciones filosóficas, en esta nueva teoría propone que se debe de designar el uso del significado. Es decir que dependiendo del uso, ese sería el significado, por sus reglas de uso. Para Wittgenstein un leguaje con reglas es una forma reglamentada de comportamiento. (Beuchot, 2011: 148). Las reglas del lenguaje son la vida misma. Wittgenstein afirma que lo más interesante del lenguaje no son sus reglas de la gramática superficial, sino las profundas, esto es el leguaje aplicado, las diversas formas de utilizarlo, son en síntesis los límites del sentido y esto pertenece a la gramática de la expresión (Beuchot, 2011: 150). Según las expresiones tienen sentido bajo un contexto del juego del lenguaje. El juego del leguaje es un conjunto de signos que se aplican en relación con acciones, estas acciones se dan en la sociedad y ellas definirán tanto formas de vida como los conceptos que se usan ( Beuchot, 2011:153). Los aportes de Wittgenstein se reconocen como el paso de la semiótica a la pragmática. Esta teoría fue retomada por Austin y Ryle entre otros. (Mónica Belén Jiménez Núñez)
La semiología estructuralista fue iniciada por el lingüista suizo Mongin-Ferdinand de Saussure en los albores del siglo XX. Su influencia se manifiesta en diversas escuelas como la de Moscú, la de Leningrado, la de Bajtin, la de Tartu, la de Praga, la de Copenhague, la de París, entre otras. Saussure fue propiamente el fundador de la lingüística estructural y, al mismo tiempo, el iniciador de la semiología. Ya en su Curso de lingüística general (1916) hablaba de esta disciplina como “una ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social” (Beuchot, 2004: 158), de igual manera, situaba su estudio en el campo de la psicología social. Aunque la semiología se ocuparía de todo el sistema de signos, Saussure ponderó el estudio del signo lingüístico, en el cual distinguía dos aspectos: el significante (la imagen acústica de la palabra) y el significado (el concepto o imagen del objeto referido), ambos se relacionan en el signo de manera arbitraria. Además, el lingüista explicaba y diferenciaba dos aspectos del lenguaje: el primero de ellos, la lengua era definido como un sistema de signos y de valores, cuyos elementos cumplen funciones específicas. El habla, en cambio, es el ejercicio individual de la lengua. También planteaba dos ejes de consideración: el sincrónico que se ocupa del estudio de una lengua sin tomar en cuenta su evolución social, y el diacrónico, interesado por el proceso histórico de la lengua. Asimismo establecía dos ejes de relación: el sintagmático, en el que los signos se relacionan por oposición mutua, y el paradigmático, en el que las asociaciones y evocaciones determinan las relaciones entre los signos. Como se muestra, los términos saussurianos de análisis rebasan el campo estrictamente lingüístico y pueden adjudicarse sin dificultad a los estudios semióticos. (María Luisa Magaña)
Sassure no es el único que superó su inclinación lingüística a la hora de incursionar en la gama semiótica, pero si fue uno de los más importantes a la hora de marcar distinciones, como lo hizo con el significado y el significante, el habla, la lengua y el lenguaje, mencionados anteriormente. Gracias a él se viene uno de los más grandes, en cuestión sucesora a reforzar e innovar sus ideas; Barthes. Continúa con estudios sobre la semiología estructuralista, enfocándose en el sistema y en el signo en general. Busca el significado en todo lo que hay, lo dicho y lo no dicho, todo aquello que queda en la línea de lo implícito. Barthes retoma los conceptos básicos que manejaba Sassure (habla, lengua, sintagmático, etc.) en sus Elementos de semiología, y con esto argumenta que parte de la semiótica es el estudio del significado en su completo rigor, no sólo en el área del lenguaje, sino todo lo que lo circunvecina; lo visual, lo auditivo, como ejemplos. Nos habla de una relación significante-significado-significación, es decir, que la semiosis se lleva a cabo gracias a que el significante (imagen) nos enlaza con el significado (objeto) y así el signo desemboca en lo que es su significación. Todo esto a base de sistemas, en todos los ámbitos de la expresión humana, Barthes pone el ejemplo de forma de vestir y lo que eso conlleva en el sistema de signos y significados, pero la realidad es que conforme el tiempo pase, más allá de una relación diacrónica, o si el sistema es denotativo o connotativo, lo que importa en el signo es su significación, y mientras haya una, dice Barthes, habrá un sistema. ( Rodrigo Galván Campos)

Por último, todos estos pensadores cuyos aportes contribuyeron a la formación de la semiótica privilegiaron, unos más que otros, el signo de la palabra, olvidando así otros modos de significación como la gestualidad, el silencio, la motricidad, el desplazamiento del cuerpo, etc., hablo de las sintaxis corporales que interesaron a los semiólogos de la cuarta generación semiótica, entre los que se encuentran Jaques Fontanille, Claude Zilberberg, y Greimas. Pero a pesar del dominio de la palabra, sí hubo indicios de otros modos de significación dentro de algunas teorías, y que por ello tienen vigencia actualmente; recordemos aquí a San Agustín, que clasificó los signos humanos según los sentidos a los que afectan, mientras que las teorías de los estoicos, los tomistas, los pensadores del México colonial e incluso los agustinos, clasificaban los signos bajo criterios de su producción y no de su afección. Es gracias al recorrido semiótico que realizamos de la mano de Maurice Beuchot, al leer su obra La Semiótica, Teorías del signo y el lenguaje en la historia (2004), que podemos revisar la evolución de los estudios de la significación y darnos cuenta del alcance que tiene la semiótica para comprender las experiencias sensibles, e inteligibles, que viven los seres humanos día a día en la actualidad y en tiempos remotos. Edme Garcia


Bibliografía:

Beuchot, Mauricio (2011) La semiótica. México: FCE